vamos
saliendo del vientre
y no somos
el futuro—
veintidós o
veintitrés
y ya reumas
o glaucoma—
nos dijeron
que el salón
era el horno
del orfebre—
que
saldríamos transformados
en
fantásticas criaturas—
la
consecución perfecta
de lo que el
brillante mundo
vio en
nosotros
en el
vientre—
vamos
caminando apenas
y no somos
el futuro—
nos hicieron
perder tiempo—
nos timaron—
soy el
mismo—
no estoy
seguro de nada
y me duelen
las rodillas—
bueno—
miento un poco
tanto—
sí nos han
cambiado algo—
ya no confío
en el futuro
y menos en quien
lo venda—
unos simples
sinvergüenzas—
de pronto
vienen y te arrancan de la nada ensangrentado y te dicen tú—
tú sí nos
sacas del fango—
tú puedes
ser lo que quieras con tu potencial ingente—
no se han
escrito aun los mitos que nos describan tu brillo—
tan sólo
sigue el camino que hemos trazado en la tierra—
lo hemos
hecho claro y recto pensando en que no te pierdas—
y verás que
el oro aguarda en tu precioso futuro.
y les crees
y vas gateando—
pero del
camino sales—
desgarrado—
desvalido—
sediento y
viejo y con la boca seca—
y sin
brillo—
y al final
no aguarda nada
aguardan las
mismas caras que te embaucaron ab ovo—
y esta vez
no te sonríen—
solamente te
levantan—
estás hecho
un esqueleto—
y al oído te
susurran—
¿y ya tienes
un trabajo?
lo dicen
como quien se burla—
lo dicen con
aliento agrio—
lo dicen
como quien pregunta si un buen día ya harás la gracia de morirte y abrir paso—
abrir paso a
los embriones—
esos sí que
son brillantes—
esos sí son
el futuro