18.1.16

Appreciation

So, I almost died today, or something.

Around noon, a little bit later, I thought I’d fix myself some lunch,
so I heated up some sauce and fried an egg and ate the thing and turned everything off,
or so I thought.
Then I got out of there and went about my business,
watched the football game, checked messages,
and all this while a burner of the stove was leaking gas ever so slightly.
I never noticed —I cannot smell—
well, not unless you’re holding the thing an inch away from my face.
Gas leaked for about three hours and then my aunt got home.
Some days ago, a shop not far away blew up for the same reason,
after turning on the lights, or at least that’s what my grandma thinks.
Anyway, my aunt comes in, smells the gas immediately
and turns it off without flicking on the lights.

Now here’s the thing —
she could’ve lit said lights before opening the door —
there’s a switch right outside—
and if she had, and my grandma’s right about the physics, we both would’ve blown up.

A fried egg, a faulty wrist move, no sense of smell, a switch outside.
There. Death.
It really makes you think.
How many people drop like flies each day because of crap like that?
Even people who would've mattered.
And you, you classic book,
you talk about hamartia and sense of tragedy.
Poor you, fake thing.

You seem to think that life cares about beauty.

14.9.15

no somos el futuro

vamos saliendo del vientre
y no somos el futuro—
veintidós o veintitrés
y ya reumas o glaucoma—

nos dijeron que el salón
era el horno del orfebre—
que saldríamos transformados
en fantásticas criaturas—

la consecución perfecta
de lo que el brillante mundo
vio en nosotros
en el vientre—

vamos caminando apenas
y no somos el futuro—
nos hicieron perder tiempo—
nos timaron—
soy el mismo—
no estoy seguro de nada
y me duelen las rodillas—

bueno—
miento un poco tanto—
sí nos han cambiado algo—
ya no confío en el futuro
y menos en quien lo venda—

unos simples sinvergüenzas—

de pronto vienen y te arrancan de la nada ensangrentado y te dicen tú—
tú sí nos sacas del fango—
tú puedes ser lo que quieras con tu potencial ingente—
no se han escrito aun los mitos que nos describan tu brillo—
tan sólo sigue el camino que hemos trazado en la tierra—
lo hemos hecho claro y recto pensando en que no te pierdas—
y verás que el oro aguarda en tu precioso futuro.

y les crees y vas gateando—
pero del camino sales—
desgarrado—
desvalido—
sediento y viejo y con la boca seca—
y sin brillo—
y al final no aguarda nada

aguardan las mismas caras que te embaucaron ab ovo
y esta vez no te sonríen—
solamente te levantan—
estás hecho un esqueleto—
y al oído te susurran—
¿y ya tienes un trabajo?

lo dicen como quien se burla—
lo dicen con aliento agrio—
lo dicen como quien pregunta si un buen día ya harás la gracia de morirte y abrir paso—
abrir paso a los embriones—
esos sí que son brillantes—
esos sí son el futuro


11.10.14

414 (Un texto del cual no sé qué pensaría Roland Barthes)


Siempre me veo en el espejo antes de escribir algo, sobre todo algo, ehm, ‘creativo’, porque quiero asegurarme de que lo que sale de mis manos al teclado es de algún modo congruente con mis ojos, mi pelo, mis hombros, y el ángulo laxo de mi columna.

Lo estúpido es que nunca sé si lo es o no. No creo saberlo nunca. Los que me leen no me conocen en persona, y los que me conocen saben, quizá, demasiado de mí como para confiar del todo en mis letras. La opacidad banal de mi superficie impide que la vista llegue al fondo. Es difícil entregarse al hechizo impersonal de la palabra cuando se sabe que ésta viene del tipo ese, el de saquito negro, que come quesadillas y se queja de la televisión. Nadie puede mantener un halo de poesía alrededor de sí todo el tiempo. Y menos ante sus amigos. Y menos en la era de la hipercultura pop. Y menos en México (la verdad).

Si un amigo me diera a leer un libro suyo lo único que podría ver en él serían sus huellas digitales, su sudor, aquella vez que me contó sobre un capítulo que se le estaba dificultando mientras tomábamos una cerveza; recordaré el platillo que ordenó mientras leo el capítulo y trataré de encontrar pistas de que hizo caso a mis intervenciones en aquella conversación (las cuales siempre consideraré iluminadoras). Reiré al ver una palabra que mi amigo usa todo el tiempo para hablar de su novia o su celular en el texto, insertada en un pasaje sobre la intertextualidad o James Joyce, y no podré darle un modicum de seriedad al asunto. Al final le diré que "es un libro interesante" y me tomaré una foto con él cuando presente el ejemplar en una librería del FCE, lo cual, a su vez, creará más anécdotas estorbosas que me impedirán leer con claridad su segundo libro. Ad infinitum.

O sea que… ¿qué? Ah, sí. Dos cosas.
1)      No creo que el autor pueda estar muerto del todo, o al menos el célebre ensayo que así lo proclama debería llevar un corolario: “No aplica en caso de que el autor empírico haya ido a la boda de usted, lector, en donde procedió a ponerse muy mal con tres botellas de vino”
2)      Si los conozco y escriben algo, quizá no sea buena idea mostrármelo.

10.8.14

371 (Nuevo look)

Es verde porque quizá no es tan sano vivir revestido de negro todo el tiempo, y porque espero que vuelva a florecer un día.

(ha)

Aprovecho para contarles que estoy bien, aunque no he reverdecido. Es un poco más difícil cambiar las plantillas y las pieles de un cuerpo humano y sus pasajes internos que de un blog. Creo yo porque tenemos, los humanos, un sistema operativo muy pinche. Pero me compre unos lentes nuevos, así que al menos se ha modificado mi interfaz un poco, y todos sabemos que eso es, al final, lo que le importa al usuario. La verdad es que también escribo esto porque quiero ver cómo se ve algo de prosa en este nuevo diseño, siendo que todas las entradas que estaban en la página de inicio son en verso. Es curioso cuánto verso hay aquí cuando lo único que quiero hacer con mi vida es escribir prosa. Pero es canijamente difícil, se los juro. Aparte de escribir bien, que ya está rudo, tienes que hacer que sea interesante. Y si eres yo, también debes convencer a tu cerebro de que sí, la idea que tuviste es suficientemente buena y no un desastre lleno de huecos en la trama que el lector INMEDIATAMENTE notará, tildándote de imbécil por el resto de los tiempos. Es ese último paso en el que siempre fallo. Como propósito de Año a Medio Morir, me retaré a aprender que no debo cerrar todos los círculos que abro en una historia para considerarla completa. Eso sirve bien en los ensayos, pero es una loza muy pesada cuando se busca inventar algo. Aparte creo que, al final, también se trata de que ustedes, los que lean esas hipotéticas historias, pongan de su parte, tengan una línea en blanco en dónde meter sus interpretaciones. No todo tiene que ser como el autor dice; o mejor dicho, el autor no tiene que decirlo todo para que sea así. Espero.

Mañana empiezo otro semestre, por cierto. Espero que alguno de los temas de tesis que he pensado sirva de algo, porque quiero escribir una buena parte estos meses, antes de hacer esa mamada absurda del servicio social. ¿Y lo social cuando me sirve a mí, eh? Pero así es la vida del donnadie en cualquier siglo, supongo; la mano negra del colectivo te saca y te saca cosas del bolso. Te quita tiempo, dinero, espíritu. Pero eso sí, "Hey, al menos ya no te quemamos por hereje, ¡deberías estar agradecido!" Vayan al diablo. Espero terminar todo esto cuanto antes.