21.2.12

Tinta Derramada


Quizá nosotros conozcamos las palabras,
los nombres que a las cosas hemos asignado;
una tras otra marchan ellas todas:
amor, dolor, resignación, enfado.

Mas no por ello somos diferentes
a las hermosas bestias que hemos denigrado;
con o sin diccionario somos animales,
pues nacimos con ellos en un mismo prado.

Sé lo que es un delirio y me corroen ideas;
palabras y palabras que vienen y van.
A veces me despierto y en mi cuerpo hay marcas
de tantos pensamientos que volando están.

Queremos apresarlos cual si fueran aves
en estas jaulas nobles hechas de papel,
mas siempre nos topamos con sus fuerzas tales
que ningún simple humano puede comprender.

Ilusos agitamos brazos en la nada
esperando atrapar ese éter singular,
pero ellos son marea y nosotros tierra blanda,
sólo nos rozan suaves y se van al mar.

15.2.12

Ruido Blanco


Hay algo, bajo niebla oculto
 antes y después del alba.
En cada punto en cada mapa
solo existen tus pisadas.
Los puentes simplemente unen
los caminos en que cruzas.
Las puertas simplemente abren
renombrando tu presencia.
Tus ojos a ese firmamento
cada noche redibujan.
Mis alas sólo tienen vuelo
mientras surquen por tus aires.
Mil galaxias de meteoros
entre tus dedos se estrujan.
Tienes hambre y tienes vida,
movimiento, voz, sentido,
ves la luz en la rendija—
la relegas al olvido.
Tu voz tan real y potente
puede destrozar las cosas.
Puedes degollar los días,
uno a uno, como espinas
que caen de un tronco anciano
y sentirlas.
Y sangrar de tus heridas.
Y heredar a tus amantes.
Y amar a tus herejías.
Puedes correr por los prados
de viento verde inundados.
Respirar la escarcha fría
como un lago en plena muerte,
y cada que te sea la suerte
sufrir llagas y agonías.
Todo esto puedes hacerlo
porque hueso va en tu carne;
porque hay hueso ahí en tu mente,
porque hay carne en tu deseo.
Yo puedo ser los colores
que me dicten tus sentencias.
Disfrazarme de rumores
o estallar en mil estrellas
de ruido enorme y sinfónico,
pero siempre encadenada
al compás de tu palabra.
Puede ser que sea el camino;
que tú debas recorrerme.
Pero no sé mi destino;
no sé siquiera si viene.
Yo no puedo descubrirlo,
y esa marca va en tu frente.
La incertidumbre es mi guía
pero tú le das sentido.
Sin ti mi tinta no ha sido,
ni mi nombre pronunciado.
Sin ti me quedo arredrada
en los rincones de un libro.
Sin ti soy sólo aire inicuo.
Sin ti yo no soy poesía.

9.2.12

Me Siento y Pienso (Canción de Bilbo)

por J.R.R. Tolkien
Texto Original: I Sit and Think (Bilbo's Song)


Me siento junto al fuego y pienso
en todo lo que he visto,
en flores salvajes y las mariposas
de veranos que ya han sido.

En verdes hojas y telarañas
de otoños ya bien pasados,
con rocío temprano y con sol plateado
y viento entre mis cabellos.

Me siento junto al fuego y pienso
como el mundo podrá ser,
cuando llegue el invierno sin primavera,
el cual nunca podré ver.

Pues aún existen tantas cosas
que yo jamás he sentido:
en cada bosque y primavera
se esconde un verde distinto.

Me siento junto al fuego y pienso
en la gente que ya fue,
y en gente que verá un mañana
que ya nunca yo veré.

Pero mientras sentado, pienso
en tiempos de otras eras,
espero escuchar pasos que regresan
y voces a mi puerta.

6.2.12

Aquí


Para C. y sus alrededores. Fuerza.

Bajaba las escaleras rápido, con el desparpajo de quién se deja caer de una azotea. Sin fuerza, mas con voluntad. La escalinata era larga como la vida y angosta como la tumba, y sus peldaños eran mármol sucio. Quizá falso. No se le podía pedir mucho al gobierno en ese respecto, y esto era una estación de trenes. Viajar le había sido doloroso. Tal como pensaba, el mundo no se había detenido ni un instante. Allí dentro había de todo: vendedores, faquires, oficinistas durmiendo la siesta, madres desesperadas. Millones de rostros. ¿Qué los distingue?

Cruzó el torniquete y la sala y salió a la calle. El centro de la ciudad era siempre un bullicio, aquello era natural, pero nunca le había molestado como entonces. Era una cuestión de respeto. Sin embargo sabía que, dentro de ese océano de ruido turbio, nadie le debía respeto alguno. Eso es, de un modo, lo que distingue a la sociedad. Seres con la capacidad de pulular un mismo espacio sin autodestruirse, pero sin interés en lo que hay dentro de los demás. Buenos días, que le vaya muy bien. Eso era todo. Como un vaso de agua tibia.

Por las calles caminaban, con las miradas gachas, personas en trajes grises. Casi siempre grises. Como un uniforme, o una declaración. Soy gris, no veo más allá de mis narices, y no me importa. Así le pareció a él. Aunque seguramente algunos de ellos guardaban camisas amarillas en sus gavetas, él estaba cegado. Y bueno, nadie lo culparía. Nadie en absoluto. La gente que siente rabia sólo en los momentos adecuados es muy valorada. Éste era un momento adecuado. Después de todo, aún traía el traje de luto sobre los hombros.

2.2.12

Dos Mundos

Tengo un mundo que es hierba
de selva negra inexplorada.
Tengo un mundo que es la cal
de una mina desierta agotada.

Tengo en nieve un dulce abrigo,
si bien me es un tanto extraño.
Tengo en la luz de la tarde,
triste hogar abandonado.

Y de un mundo quisiera atarme,
pero cada que lo intento
mi cuerda cede y se rompe.

Y de un mundo quisiera irme,
pero cada que lo intento
mi cuerda duele y resiste.