Perdón por el silencio; la temporada de agotamiento pasó. Creo.
Estos
versos son míos:
tienen todo
mi sello.
Se pegan a
la hoja
cual si
ésta fuera cemento,
y no salen
volando
cual
mariposas o cuervos.
Estas cosas
pronuncian
mi nombre.
Tan sólo ese.
Son mi
sudor, mi mente,
mi arcilla
mal moldeada,
el ente
que soy y
que aún no soy.
Paciente.
Este poema
es mi obra:
se extiende
y cae
hacia abajo
cual animal
desbancado.
desbancado.
No mide lo
que miden otros;
mide lo que
le place,
tanto hacia
abajo
como a los
lados,
y cada
línea hace lo que quiere,
va a donde
busca
sin
preguntarme.
Mas
asegúrame, raudo, ahora,
dime que el
caos
que se me
ha otorgado
por toda
esencia, por toda alma,
no quedará
arrumbado
ni huirá de
mi lado
al verme
vivo en medio
de tanta
estructura.
Dime que la
ternura,
el enojo,
el canto,
no se verán
vejados
ante la
cordura
de los
edificios
—de la
escuela, el banco.
Dime que
puedo ser
dos seres sólo
en uno.
Convertirme
en sagaz
ocupante del
mundo:
permanecer
el niño
inconstante
y absurdo.
En esta vida pocas cosas hay seguras, el último verso solo puedes asegurarlo tú. Hora una cosa te aseguro, este poema es precioso.
ResponderEliminaresther