16.2.13

Ventanales Num. 5



De este lado, aquí, nosotros,
compartiendo el terso espacio;
el de pieles de durazno;
el de sábanas de armiño.
Tras la puerta hay un pasillo.
Un florero helado y seco.
Un espacio que no es nada
porque no lo ven tus ojos,
encerrados en los míos.
No, tan ocupados quedan
que no hay tiempo que les baste
para cosa fuera de eso.
Y este cuarto es todo, entonces;
un fruto autosuficiente;
un santuario impenetrable.
Cuando rozas mis oídos
o me palpas, todo, entero,
sé que no hay otro sonido
ni otro toque verdadero.
No es posible laudar todo,
pues el tiempo es cruel y rompe
la cerámica, los vidrios;
se entretiene apabullando
los momentos más sagrados.
Puede ser que te me pierdas,
arrastrada en mil caudales.
Puede ser, no lo deseo,
que los roces estivales
de los cuales disfrutamos
sean una ilusión mezquina,
un contacto pasajero
como entre quienes abordan
un tren y quienes lo bajan.
Pero aquí y ahora nosotros,
de este lado, aquí, el espacio
se dibuja con las formas
de tu cuerpo encandilado;
de mi cuerpo acelerado;
y el momento es trascendente.
Hay un mar de negro fondo
y hay nieves incognoscibles.
Hay un horizonte turbio
allá donde la vista falla.
Pero este minuto es agua—
simple, llano, siempre cierto.
He cerrado la persiana
para no violar el cuarto
con materia que no es nada
porque no la aman mis dedos.
Aquí, dos, soñando ahora
somos todo el terso espacio.
Más allá de la persiana,
juro, no encontraras nada.
Más allá de la persiana
sólo hay mundo y sólo hay cielo.

8.2.13

¿Hiatus?

¿Y qué pasó con este pequeño espacio?

La verdad es que necesito reconsiderar las cosas, vivir con un poco menos expectativa. Con menos proyectos de todólogo frustrado que nunca devendrán en nada. Necesito tiempo para mí, para ir al parque, para dibujar y comprar, tal vez, algunas pinturas de oleo. Necesito espacio para encontrar la poesía en lugares que no sean la poesía misma; dejar que las líneas e historias surgan del mundo como por gracia, debido a mi caminar vital, natural, y no a mis torpes intentos de exprimirle cosas. Necesito vivir un poco, porque no entiendo al mundo lo suficiente como para escribir de él. Quisiera que hubiera un modo de decir esto sin sonar como un misántropo de tres pesos, un Nietzsche de banqueta, pero no hay. No comprendo al mundo. No me siento en mi hogar. Mi mayor hogar son los libros, pero quienes viven sólo de libros terminan --cosa terrible-- por no escribir buenos libros. Necesito disfrutar. O averigüar algo que no sé. Algo.

Si por alguna razón escribo, tengan por seguro que lo pondré aquí. No soy un escritor de cuadernos cerrados. Tan sólo les digo que probablemente sea un tiempo mayor al que yo esperaba. Y es que pensé que estaba bloqueado, pero no creo que sea el caso. Creo que sólo me cansé de perseguir un objetivo que no sólo me queda lejos, sino que está en la cima de una cuesta alpina, y que me encuentra demasiado joven, sin calar, aún sin botas para invierno.

Seguiré en Inventario, y estoy preparando un cuento. Uno solo esta vez, paso a paso. Creo que puede ser el mejor que haya hecho. Puede.

Saludos.