8.2.14

Ozymandias



por Percy Bysshe Shelley
Texto original: Ozymandias

Conocí un viajero de una tierra antigua
que dijo: "—dos vastas piernas de piedra sin tronco
se alzan en el desierto. Cerca de ellas, en la arena,
casi hundido, yace un rostro destruido cuyo ceño
y labio arrugado y mueca de comando frío
dicen que el escultor bien leyó esas pasiones
que más han vivido, grabadas en la piedra muerta,
que la mano que las calcó y el corazón que las creó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
'Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes:
vean mis obras, oh poderosos, y teman!'
Nada más sobrevive: alrededor del deterioro
de esa ruina colosal, inacabables y desnudas,
lisas arenas solitarias se extienden lejos, lejos."

3.2.14

Oda



Hay veces, y son más de las deseables, creo,
en que pienso que no hay más poema
que la noche y su silencio.

Y no es porque sea bello
   (que lo es)
Y no es por sonar cursi
   (que lo suena)

Más bien ese silencio, sus estrellas,
hablan terribles del pasar y el irse —
hablan de cómo hay luz,
pero no dura,
y hablan de cómo hay voces
que se callan.

Todo se calla, siempre.
Todo se apaga, siempre.

Estos momentos que vivimos
mueren cual velas en un frasco,
y a cada instante de vigilia
siempre le sigue un parpadeo
   (pequeña noche viva)
hasta que al fin se cierra el teatro
y cae la noche de verdad.

Y no es por sonar triste
   (que lo sueno)
Y no es porque sea bello
   (que lo es)

Más bien aquella muerte a que camino
me sabe a eternidad en un gran cielo
donde ya no habrá luz
y no habrá velas,
donde la gente duerme
sin ronquidos.

Los días se acaban, siempre.
La noche gana, siempre.