Hay veces, y son más de las deseables, creo,
en que pienso que no hay más poema
que la noche y su silencio.
Y no es porque sea bello
(que lo es)
Y no es por sonar cursi
(que lo
suena)
Más bien ese silencio, sus estrellas,
hablan terribles del pasar y el irse —
hablan de cómo hay luz,
pero no dura,
y hablan de cómo hay voces
que se callan.
Todo se calla, siempre.
Todo se apaga, siempre.
Estos momentos que vivimos
mueren cual velas en un frasco,
y a cada instante de vigilia
siempre le sigue un parpadeo
(pequeña
noche viva)
hasta que al fin se cierra el teatro
y cae la noche de verdad.
Y no es por sonar triste
(que lo sueno)
Y no es porque sea bello
(que lo es)
Más bien aquella muerte a que camino
me sabe a eternidad en un gran cielo
donde ya no habrá luz
y no habrá velas,
donde la gente duerme
sin ronquidos.
Los días se acaban, siempre.
La noche gana, siempre.
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