15.1.12

Milímetros: Primera Entrega


Persianas

Con un zapato en la mano, alzó la mirada del monitor, y abrió los ojos fuera de sí.
La araña se había ido.

RIP

Dijo que no le agradaba ir a funerales de gente desagradable, y apagó el informe de gobierno.

Sin Fondo

Todos se preguntaron dónde estaba; ni siquiera había pasado a rendir respeto frente al ataúd de su padre. Ignoraban que su padre, hacía muchos años, le había aventado a un pozo, por el cual seguía cayendo, cayendo…

Hogar

Día tras día, noche tras noche, le reclamaba a la casa. Que el fuego no calentaba suficiente, que la cama crujía, que las ventanas se empañaban.
Una mañana, despertó entre la hierba.

Publicidad Engañosa

Desesperado, compró tres rollos de cinta de aislar y selló puertas y ventanas. Volvieron a tocar el timbre.

Isla

No tenía ni un acantilado desde el cual gritar, ni un solo bosque para esconder su dolor —así que se enterró en el mar.

11.1.12

Blue


Ha sido tu ser un ente
debidamente
autosuficiente.

Ha guardado tu fondo un alma
tan honda y sabia
como lejana.

Se han henchido de tu agua
tantos navíos amargos
y naufragados.

Te has fugado por mil corrientes
en mil momentos
tan diferentes.

Me has cortado tanto las piernas
con tus guijarros
de concha fresca.

Y aquí estoy.
Y aquí estamos.

Yo en mi brevedad
y tú en tu eterno.
Golpeas al mundo
con tu manto inmenso,
de zafiro y diamante
recubierto.
No sientes y no apruebas;
solo callas.
Simplemente acaricias
nuestro mundo,
con la mano de un tiempo
acostumbrado
a la paciencia, el rastro,
y el olvido.

Y a veces me pregunto
aquí en mi faro,
desde el cual veo surcar
a los albatros,
si la neblina entre tu ser
y el cielo
no es en verdad
una engañosa nada.
Si la tierra flota
desamparada,
en medio de azulados
firmamentos.


6.1.12

Una Llamada Telefónica

por Dorothy Parker
Texto Original: A Telephone Call

Por favor, Dios, que llame ahora. Querido Dios, que me llame ahora. No voy a pedir nada más de ti, realmente no lo haré. No es mucho pedir. Sería tan poco para ti, Dios, una cosa tan, tan pequeña. Sólo deja que llame ahora. Por favor, Dios. Por favor, por favor, por favor.

Si no pienso en eso, tal vez el teléfono suene. A veces lo hace. Si pudiera pensar en otra cosa. Si pudiera pensar en otra cosa. Quizá si cuento hasta 500 de cinco en cinco, suene en el momento que llegue. Voy a contar lentamente. Sin trampas. Y si suena cuando llegue a 300, no voy a parar, no voy a contestar hasta que llegue a 500. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta... Oh, por favor, llama. Por favor.

Esta es la última vez que voy a mirar el reloj. No voy a mirar de nuevo. Son las siete y diez. Dijo que llamaría a las cinco. "Te llamaré a las cinco, cariño." Creo que ahí es donde él dijo: "cariño". Estoy casi seguro de que lo dicho allí. Yo sé que él me llamaba "cariño" dos veces, y la otra vez fue cuando me dijo adiós."Adiós, cariño." Estaba ocupado, y no puede hablar mucho en la oficina, pero me llamó "cariño" dos veces. Mi llamada no puede haberlo molestado. Sé que no llamarlos muchas veces —sé que no les gusta. Cuando haces eso ellos saben que estas pensando en ellos y que los quieres, y eso hace que te odien. Pero yo no había hablado con él en tres días, no en tres días. Y todo lo que hice fue preguntarle cómo estaba, justo como cualquiera puede llamar y preguntarle. No puede haberle molestado eso. No podía haber pensado que le estaba molestando. "No, por supuesto que no es así", dijo. Y dijo que me llamaría. Él no tenía que decir eso. No se lo pedí, en verdad no lo hice. Estoy seguro de que no lo hice. No creo que él quedara en llamarme, y luego nunca lo haga. Por favor, no le permitas hacer eso, Dios. Por favor, no.

"Te llamaré a las cinco, cariño." "Adiós, cariño." Estaba ocupado, y tenía prisa, y había gente a su alrededor, pero me llamó "cariño" dos veces. Eso es mío, es mío. Tengo eso, aunque nunca lo vea de nuevo. Oh, pero eso es tan poco. No es suficiente. Nada es suficiente, si no lo vuelvo a ver. Por favor, déjame volver a verlo, Dios. Por favor, yo lo quiero tanto. Lo quiero mucho. Voy a estar bien, Dios. Voy a tratar de ser mejor, lo haré, si me deja verlo de nuevo. Si lo dejas que me llame. Oh, deja que me llame ahora.

1.1.12

Tundra


Y se mueve, de nuevo, con la desconfianza de quien no conoce su destino. Primero una pluma y luego la mitad del ala, agitándose en el aire tibio como nardos en verano. Su rostro inmóvil poco a poco retoma la conciencia, el brillo en la retina. El brillo en la retina que lleva encerrado, en algún sitio, el brillo del mundo mismo.

La caverna supuraba un aire denso, apesadumbrado de oscuridad, silencio y naturaleza intacta. Tantos siglos ignorada. Estalactitas goteaban un agua negra y sin embargo pura. El suelo titilaba con pequeñísimas centellas de humedad, restos de la escarcha agonizante. Así pasaron todavía varios días, en los que la superficie fue pareciendo cada vez más viva, más suave. Él permanecía atrapado en el hielo, sin embargo. Con un ala fuera, y la mitad de la cabeza en proceso de salir. De pronto parpadeó y tuvo conciencia y sintió terror. Observó y no vio nada. Guijarros, pasto gris y pulverizado, nieve sucia. Algunos insectos incipientes viajaban por los laberintos de roca en el suelo, frágiles.

El frío se hizo cada vez más soportable. Aún no podía aletear, a pesar de que la mitad de su cuerpo estaba ya fuera. Trinaba, casi gritando. No tenía comprensión, sólo desesperación. Alguna vez había venido aquí a buscar refugio en vano, cuando el blanco polar comió los campos vorazmente, mas de eso no quedaba recuerdo. Ni en él ni en ningún otro lugar. Todo rincón de la vida anterior a la blancura terrible se había ido, diluido en el tiempo y las tormentas de ventisca helada que se sucedieron unas a otras por años, y años, y años.