Moluscos
arremolinados dando
pasos
ingentes sobre las ondas del
agua fresca
como la savia, como
mañana de
brisa suelta y de cardo
dado al
viento.
Troncos,
nenúfares, todos doblados
en sí
mismos, esclavos de la feroz
y excesiva
boca del minotauro
fluvial,
bestia de mil hoscos colmillos,
mas sin
cara.
Las rocas,
castillos humedecidos,
verdes
trozos de verdad permanente
clavados al
cepo de las entrañas
de la
tierra, helados, arrumbados
al olvido.
Caudal, tu
fortaleza una muralla.
Coloso, en
tu ser mueren y estallan
los deseos,
mientras te llevas lejos,
demasiado
lejos, a la cascada,
las
emociones.
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