Yo no voy a
decirte que las hojas caen,
o que la
nieve llega a abrazar tus cabellos.
Tales dichos
vulgares, lugares comunes,
no hablan
de lo que implica encontrarte despierto
en una
noche fría tan sólo cobijado
por un apartamento
y por un edificio
y por una
ciudad —por todas esas cosas
que en verdad
no son nada—
y sentir el
silencio arribar a las gotas
más tibias
y rojas de tu pecho vivo,
y sentir
que las mata, así, sin adornarse.
Sentir que
en esa noche se caen los relojes,
que el tiempo
acumulado no equivale a nada
porque al
final tu cama sigue fría;
como frío
estaba el mundo cuando te alumbraron.
Buscarás un
refugio y mira, los hay muchos:
Puedes
buscar bebida en la tosca nevera,
puedes
poner un disco o el canal cuarenta,
pero la
noche pasa sólo cuando pasa,
y no quiere
pasar hasta dejarte helado.
Premonición
absurda, mortal desagrado;
deseas que
el miedo huya, que huya de la mano
de la
maldita noche y del maldito insomnio;
que partan
raudos, balas
despedidas
de tu mente con un solo rumbo:
con uno de
esos rumbos que ya nunca vuelven.
Estupideces,
dices. No estoy tan solo, dices.
Tu sombra y
eco ríen (lo saben, los viles).
Saben que
allí en el fondo, detrás de los tabiques,
detrás de
las siluetas que forman tu vida,
más allá de
los cuadros que adornan tu espacio
y de la
suavidad de tus colchas egipcias
yace la
madrugada, desnuda y eterna,
tan
verdadera y fuerte como un rayo negro.
Otros
dirían que hay luz, y viene a recogernos;
y hay quién
añadiría placeres sempiternos;
mas esta
noche no —tú lo sabes perfecto—,
no hay
cabida en tu seso para esos escuetos
escapes
fabricados, creación de los artistas,
humo
fragante y bello, flama bailarina.
Necesitas
tus lentes para ver de noche
y quizá te
los pongas, pero no hay manera
de llegar a
un destino que sea certidumbre.
La única
certidumbre es que la vida es trueque,
y por cada
segundo te otorga un mañana.
Se prenderán
las luces y saldrás al alba
a perseguir
caminos que la noche apaga.
Parecerá de
nuevo que la muerte es nieve
o bosque
desvestido o ciudad encantada.
Parecerá de
nuevo que el engaño engaña
aunque en
el fondo sabes que la sombra es larga.
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