7.11.12

Apartamento 031


Yo no voy a decirte que las hojas caen,
o que la nieve llega a abrazar tus cabellos.
Tales dichos vulgares, lugares comunes,
no hablan de lo que implica encontrarte despierto
en una noche fría tan sólo cobijado
por un apartamento y por un edificio
y por una ciudad —por todas esas cosas
que en verdad no son nada—
y sentir el silencio arribar a las gotas
más tibias y rojas de tu pecho vivo,
y sentir que las mata, así, sin adornarse.
Sentir que en esa noche se caen los relojes,
que el tiempo acumulado no equivale a nada
porque al final tu cama sigue fría;
como frío estaba el mundo cuando te alumbraron.
Buscarás un refugio y mira, los hay muchos:
Puedes buscar bebida en la tosca nevera,
puedes poner un disco o el canal cuarenta,
pero la noche pasa sólo cuando pasa,
y no quiere pasar hasta dejarte helado.
Premonición absurda, mortal desagrado;
deseas que el miedo huya, que huya de la mano
de la maldita noche y del maldito insomnio;
que partan raudos, balas
despedidas de tu mente con un solo rumbo:
con uno de esos rumbos que ya nunca vuelven.
Estupideces, dices. No estoy tan solo, dices.
Tu sombra y eco ríen (lo saben, los viles).
Saben que allí en el fondo, detrás de los tabiques,
detrás de las siluetas que forman tu vida,
más allá de los cuadros que adornan tu espacio
y de la suavidad de tus colchas egipcias
yace la madrugada, desnuda y eterna,
tan verdadera y fuerte como un rayo negro.
Otros dirían que hay luz, y viene a recogernos;
y hay quién añadiría placeres sempiternos;
mas esta noche no —tú lo sabes perfecto—,
no hay cabida en tu seso para esos escuetos
escapes fabricados, creación de los artistas,
humo fragante y bello, flama bailarina.
Necesitas tus lentes para ver de noche
y quizá te los pongas, pero no hay manera
de llegar a un destino que sea certidumbre.
La única certidumbre es que la vida es trueque,
y por cada segundo te otorga un mañana.
Se prenderán las luces y saldrás al alba
a perseguir caminos que la noche apaga.
Parecerá de nuevo que la muerte es nieve
o bosque desvestido o ciudad encantada.
Parecerá de nuevo que el engaño engaña
aunque en el fondo sabes que la sombra es larga.

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