25.9.22

Algunos naufragios

 (hola.)


Teseo 

Al centro del laberinto
había un espejo.
Ariadna prendió fuego al hilo
y marchó sola
hacia las naves.

 

como siempre

no quedó ni una línea
del poema
que se me había ocurrido el otro día
cuando no tenía bloc
para anotar

para anotar

sólo el recuerdo inútil
de la escalera eléctrica que iba subiendo
y la impresión difusa
de que
            / sin duda alguna /
habría sido mejor poema
que esta cosa

 

naufragio I

todo termina aquí:
clavado entre roca y espuma
sangriento
ojos vaciados sobre arena gris
en trozos
picado por gaviotas flacas
vil mierda 

te traicionaron:
acá no hay paso navegable
ni existe un puerto más allá del faro
de hecho no hay nada
nada salvo vorágine y los huesos rotos
de otros pendejos como tú 

has muerto
no tienes nombre
nadie te espera en Ítaca
eres libre:
aquí todo comienza




5.1.19

Que todos somos los escombros de alguien más


Por siempre estamos desapareciendo,
siempre ocultándonos entre la bruma,
deshilvanados o extinguidos o raídos
por animales de algún bosque infausto.
A cada día nos vamos yendo de otro sitio,
de otro relato o del recuerdo de alguien más,
emborronados o exiliados u olvidados
por amigos que hicimos en tierras perdidas.
Y así quedamos poco a poco recubiertos
del musgo y de la herrumbre de lo que no es,
de lo que fue pero que ya no importa,
hechos secretos otra vez unos de otros
hasta perder los rostros la definición,
bestias extrañas de pasados incompletos
que hora con hora trocan más ajenos,
petrificados como efigies sumergidas
bajo de un lago que se ve en un mapa
pero que ya no se visita nunca.

14.10.18

Futilidad

Por Wilfred Owen


Arrástrenlo hacia el sol:
su toque solía gentilmente despertarlo,
en casa, presagiando campos por arar.
Lo despertaba siempre, incluso en Francia,
hasta llegar esta mañana y esta nieve.
Si hay algo aún que pueda despertarlo,
el viejo y bondadoso sol sabrá.

Piensen en cómo inspira a las semillas
o despertó una vez la arcilla de un frío astro.
¿No puede revivir ya estos amados miembros,
estos flancos sensibles y todavía tibios?
¿Para esto espabiló la arcilla?
—¡Oh!, ¿en pos de qué laboró en vano el sol
para romper el sueño de la tierra?


---

Not to toot my own horn, but all other Spanish translations of this wonderful WWI poem I found online were making serious mistakes. Even the one purportedly published by Acantilado. So here you go. Not that anyone will find this.

D.
14.10.18. - 00:34

24.6.18

24.06

Si fuera la humedad en las paredes,
una raíz podrida bajo la tierra,
aire exhalado y despedido de las hojas,
el agua que se filtra entre las piedras
y se pierde.
Entonces podría.
Pero no se puede.
Sólo quiero irme.
¿Por qué está cerrada la puerta?

2.6.18

Cameo

de Charles Simic (original)

Tuve un papel pequeño, sin diálogos,
en una épica sangrienta. Fui una
de las personas que huían del bombardeo.
A la distancia, nuestro gran lider
cacareaba como gallo desde un balcón,
¿o sería un gran actor
que simulaba ser nuestro gran lider?

Ese soy yo, ahí, le dije a los chiquillos.
Apretujado entre el hombre
que alza las dos manos vendadas
y la mujer vieja con la boca abierta
como mostrando un diente
que le duele mucho. Rebobiné
la cinta unas cien veces,
pero ellos nunca me reconocieron
en esa enorme muchedumbre gris
idéntica a las otras muchedumbres grises.

Ya váyanse a dormir, les dije finalmente.
Yo sé que estuve ahí. Sólo
tuvieron tiempo para una toma.
Corrimos, los aeroplanos nos rozaron el cabello
y desaparecieron,
dejándonos mareados en la ciudad ardiente.
Pero ya no filmaron eso, por supuesto.

31.5.18

El sol de la tarde

de C. P. Cavafis (basado en la trad. inglesa de James Merrill)

Este cuarto, ¡qué bien lo recuerdo! Ahora
lo están rentando junto con el de al lado
para oficinas. La casa entera la han tomado
agentes, hombres de negocios, preocupaciones.

Pero este cuarto, ¡ah, qué familiar!

Aquí junto a la puerta había un sillón. Y enfrente
había una alfombra turca sobre el piso.
Luego el estante, donde había dos jarrones amarillos.
A la derecha --no, del otro lado-- un guardarropa y un espejo.
Al centro, la gran mesa donde él escribía
y las tres grandes sillas de mimbre.
La cama donde tantas veces hicimos el amor
estaba allá, pegada a la ventana.

Pobres objetos, deben estar en algún lado todavía.

La cama estaba allá, por la ventana: el sol
de la tarde llegaba a la mitad cuando la atravesaba.

...Un día nos despedimos a las cuatro,
por una semana. Pero al final esa semana
se extendió hasta el infinito.

18.5.18

17.5: Ángel

Recuerdo que cuando tenía unos diez años, algún vecino dejó encargada en nuestro patio una camioneta Ford que estuvo allí unos meses. Recuerdo que se llenó de varas y polvo y me daba vergüenza qué pensaría el vecino cuando regresara. Recuerdo que una vez vi una telaraña extendida de nuestro árbol de granada hacia el espejo derecho de la camioneta y en la telaraña quizá el animal más raro que he visto en libertad, una arañita verde y gris metálico que podría jurar, incluso hoy, era un robot. Recuerdo que la vi a los ojos. Y recuerdo que en esos tiempos salía a jugar al patio más o menos a las 6 de la tarde, poco antes de que tú llegaras del trabajo, y que cuando escuchaba la llave girar en la cerradura me escondía detrás de la camioneta y pretendía que era un soldado encubierto reconociendo el terreno y tú el jefe del grupo enemigo, a quien espiaba con miras a una emboscada. Así jugaba contigo sin que lo supieras, aunque tal vez hubiera sido mejor que lo supieras.

Hoy tiene un año de tu muerte. No puedo pretender una cercanía contigo que nunca tuve, que quizá ninguno de nosotros tuvo, a excepción, misteriosamente, de mi madre a veces. Gran parte de nuestra relación fue a distancia, ya fuera la de un patio, la de los cinco kilómetros entre las dos casas o la de los 57 años entre tú y yo. Nunca supe muy bien qué era yo para ti al final. Si una decepción o una esperanza. Y estoy bastante seguro de que no supiste lo que yo pensaba de ti. Cuánto admiraba tu tesón, tu empeño, tu curiosidad y tu infravaloradísima inteligencia. Admiraba que fueras un hombre a la antigua, duro, que pudieras hacer plomería y electricidad, aunque fueran cosas básicas, que pasaras el día arreglando una llanta que nunca se iba a usar en nada y escuchando boleros a volumen de escándalo, que hubieras sido taxista, gasolinero, mecánico, técnico, comerciante y tapicero. Que hubieras sido un niño adoptado y nunca te enmarañaras en la autocompasión o la incertidumbre. Que no hubieras podido estudiar más que la primaria pero siempre tuvieras un comentario certero sobre política; que hayas sido un amante irredento de los libros vaqueros pero hayas encontrado tiempo para leer Noticias del Imperio y Los bandidos de Río Frío, además de comprar enciclopedias y obras completas de Wilde y Verne para tus hijas.

La vida no te pagó bien. Tu matrimonio fue de silencios, de frialdad y de una casi completa incompatibilidad que nunca entenderé. Tu hija mayor te amó y te ama, pero con mucho miedo. Tu hija mayor te perdió el miedo y se forjó una vida, pero en el camino también desaprendió cómo quererte. Y yo, último muñón de tu sangre, soy el más pobre heredero que podrías haber imaginado.

Estoy escribiendo esto en tu viejo cuarto. No es un buen cuarto, debiste cambiarlo hace mucho, cuando podías. Resulta absurdo como recámara porque tiene puertas en ambos lados y la cama estorba póngase donde se ponga. No hemos podido quitar tu consola de grabación y tu baúl porque pesan demasiado. En época de frío es helado, pero ante el día soleado más mínimo se vuelve un sauna insoportable. El papel tapiz está húmedo y huele a musgo. Estoy aquí porque me enfermé después de tu muerte y las tres mujeres que te sobreviven como mi familia no querían ya dejarme solo en la otra casa. Ya estoy mejor, pero ahora se han acostumbrado a tenerme aquí y no sé cómo zafarme. Me aburro aquí, pero creo que también me aburría allá.

Me alegra que hayas visto mi examen profesional antes de que empeoraras. Al menos así quizá te hayas ido pensando que había logrado algo e iba por buen camino, que iba a poder sacar todo adelante. Me daría mucha tristeza que supieras el año que he pasado, las oportunidades que he dejado ir, lo inefectivo e inútil que me soy en mi papel como hombre adulto, lo solo que estoy ahora y lo pequeño que me siento ante todo. Todavía recuerdo nuestro abrazo ese día.

Si contamos a tu padre adoptivo, Antonio, que murió joven y cuya viuda desapareció, y a tu abuela adoptiva, la curandera Pachita, que era como tu madre y se divorció dos veces, creo que ya conjuntamos cien años de soledad. No sé cómo salir de esto.

Desde junio del año pasado he estado rumiando una historia sobre ti, sobre nosotros, sobre tu muerte y mis recuerdos y tu rostro cuando me prometiste que sí ibas a llegar a mi examen profesional aunque tuvieras que ir al hospital a hacerte estudios esa mañana; sobre aquel último día que estuvimos juntos un buen rato y ya casi no podías hablar y te ayudé a ponerte la insulina y a sentarte, y sobre el lienzo sucio de la Virgen que colgabas sobre tu cama con un balazo supuestamente de la Revolución en el pecho que en ese momento se me figuró como el ojo de la nada indescifrable que se cernía sobre ti, observándonos, quieto y cruel y absoluto.

Esta no es todavía esa historia.

No sé cómo y no sé cuándo y no sé con qué energía o con qué traza de esperanza en el alma, pero quisiera jurarte con todas mis limitadas fuerzas que creceré y tendré más paz y aprenderé a no arruinar todo lo que amo y cuidaré a tus hijas en la vejez y escribiré esa historia bien. Casi puedo jurártelo, abuelo, casi. Pero no sé.

Realmente lamento no haber hablado más contigo cuando pude. Todo aquí se siente incompleto. Te extraño. Pero siempre es demasiado tarde para decir Te extraño.


--17.5.18

20.4.18

Tener que tragarse el amor
como si fuera fango en la boca del río,
como si fueran hojas que se pudren
mallugadas bajo el sol de invierno
y que rotas arrastro en el caudal cansino
de mi asco y mi silencio.

Tener que tragarse también el odio
para no ensuciar la fuente donde bebes
y te nutres
antes de cruzar el bosque
(ya mi única esperanza de tenerte,
de intuirte, imaginar que bebes y sonríes,
imaginar tus pies sobre las piedras
de mi fondo, inmóviles).

Tengo miedo, me dijiste.
No tengas miedo, quise decir,
pero callé aterrado
y ahora debo callarlo todo
mientras te mueves
y no me muevo.

¿Me pides ser arroyo
para lavar tu cara?
¿Lago nocturno y hondo
que te arrulle?
¿Acaso ser el río que
dé impulso a tu balsa,
que te escupan mis aguas adelante
y me envuelva en mi mismo
y te vea alzar la vela en mar abierto
sin hablarte?

Qué soy.
Qué soy en ti.
Qué soy cuando no te siento.
Qué soy cuando te siento yéndote.

Has cortado las manos
con que había de abrazarte.
¿Tendré que ser la piedra
que te aguante en el salto
(valiente, poderoso, etcétera)
que ha de llevarte lejos
para no volver?

13.7.17

nothing moments

idle nothing moments
running silk smooth
through the blue glassways of the mind

a time for floating
unbound, nocturnal,
weak and yet darkly liberated, liquid flight

idle nothing moments
when for a while it all seems far and kept

yet I know dimly,
as in a dream I know,
that sleep will wash away the nothing
into the wide, deep something
that is forever here, upon the spine,
aching and being too much
too much
again


5.1.17

Cazando

Fingimos aventarle la pelota al perro
o le escondemos una vara de nogal
no sin dos cucharadas del placer perverso
de aquel que guarda la pelota entre los dedos
de quien maneja el rumbo de la vara
de quien suele trazar caminos
—arrogante—
por donde espera que las cosas pasen.

Y nos reímos del perro
por supuesto
y le decimos tonto
y le decimos bobo
y besamos su frente
y todo pasa.

A veces puede ser
incluso
que aceptemos lanzarle la pelota.

Y luego al otro día
—que es lunes—
salimos a la calle hinchados de café y confianza
a ver si podemos cazar una pelota
o al menos la semblanza de una vara.

A veces puede ser
incluso
que nuestra frente nunca sea besada.


8.12.16

2.4.16

Los hombres de humo: 4 poemas sobre los presocráticos

a ellos, si existieron

I. Tales

El libro que comienza con tu nombre
es todo:
acopio de la fuerza de los hombres,
inicio de un andar amargo,
encarnación final de aquel relato de Babel
y de su ambivalencia.

Pero eso lo es después,
y no hay que adelantarnos:
primero es sólo Tú, el uno,
la semilla y la tierra húmeda—
el deseo de aprehender las cosas
por otros nombres—
sus nombres—
suyos.

El libro es la secuela de aquella mañana
que siempre me ha eludido.
¿Que sueño habrás tenido la noche previa;
de qué agua te abrevaste?
¿Cómo decide un hombre
perderle el miedo a la selva
y caminarla y salir otro?

El libro, aunque tu voz sea piedra,
es más que nada el cuento atribulado
de tus hijos, concebidos en el acto
irremediable de empezar a ver el mundo
tal cual es.


II. Ser

El Ser como pulida esfera circundada por éter limpio;
cosa sin bordes, Ser puro,
satisfecho en su tranquilidad.
Si el Ser tuviera angustia, no Sería,
pues le faltaría algo y no podría
llenar la cuenca eterna de su trono.

El Ser no tiene brazos, no acaricia;
no puede masticar ni estar desnudo
y sin embargo sabe, sabe todo,
y todo lo gobierna sin tocar.

Un Ser amilanado y de apariencia nula,
que no quiere ya nada y nada hace
y sin embargo yace encadenado
al cepo irremediable de existir.

"El Ser final, perfecto",
decía el hombre de Élea, [1]
pero a mí más que nada me entristece.
La stasis, la presencia silenciada
y la condena eterna de seguir.

Quién sabe.
Tal vez son mis angustias de hombre impuro.


III. Lo pasado es prólogo

En alguno de los Diálogos,[2] Sócrates ya delineaba
los problemas de la memoria cuando ésta confía
en lo escrito.
Sin embargo, y a pesar de que razón tenía,
puede considerarse afortunado.

Nunca sabremos ese punto exacto
en que su carne vino a ser pretexto
para los derroteros de su alumno,
pero al menos sabemos que su nombre
fue en varios corazones terremoto;
que le dio forma al bardo de la idea [3]
tanto como al cronista de la sangre [4]
y al más bello entre bellos y traidores. [5]

No igual para esos hombres empolvados
cuya intuición abriera pista al Sabio.
A su vez fueron sabios, o intentaron;
surgieron de la nada como infantes
sin hermanos y sin padres, tropezaron
cual el ciego errante con guijarros
y fallaron, fallaron, sin saberlo fallaron
y fueron enterrados.
Pero también, a veces, atinaron.

De ellos nos queda poco.
Un nombre vago, una ciudad dudosa,
el testimonio ingrato de la doxa ajena.
De uno queda tan sólo la ironía:
el único fragmento de Leucipo. [6]


IV. Enseñando a los presocráticos

Quisiera llevarlos afuera, a un prado,
y si de noche contaríamos astros
y si de día criaturas, y sus nombres—
pero con otros ojos.

Les pediría pensar por un momento
que bajamos del sol con un arnés
o algún constructo extraño de ese tipo;
todo para apartarnos de nosotros,
de la pesada faz de la experiencia.
Nunca llevamos química en la prepa
ni nos compraron juegos Mi Alegría,
y no, bajo ninguna circunstancia
fuimos al planetario en una clase.

Quisiera que por nuestro prado
pasase un río tranquilo y de potables aguas,
y entonces,
alumbrados por no sé qué cosa,
comenzaríamos a notar lo extraño
que es no ser una roca entre millones,
tener ojos abiertos, tener boca,
sentir el aire en los vellos del brazo
y perturbarnos, y temer al fuego que,
cual remembranza cósmica,
traga y destruye con algo de tiempo.

Quizás entonces el vuelo de un grajo
nos haga contemplar el movimiento,
la mágica bondad de recorrer espacios
y marcar con líneas cual venas de dioses
una trayectoria: la verdad insólita
de nuestro estar.

Quisiera que, por un momento,
las maravillas nos maravillasen.

Pero así como el grajo vuela en la inocencia
y aquellos hombres grises se nutrieron
del humo inmemorial del arcaísmo,
nosotros somos una condición, un tiempo,
pertenecemos a lo que hemos visto:
somos nuestra vivienda, la oficina,
la ropa de poliéster, la sombrilla,
y el rostro exhausto y triste de los padres
cuando llegan a casa del trabajo
y la cena es un sandwich
y hay recibos de gas que no han pagado.

Somos una sustancia diferente,
si bien los átomos nunca han cambiado
desde que alguno de ellos los nombrara. [7]
¿Qué sacudida peculiar del cosmos
nos ha así conformado —condenado?
Somos la raza de los microondas,
del paracetamol, de la linterna;
tenemos mil milagros que, de verlos ellos,
del susto no se habrían recuperado;
Anaximandro trazó el primer mapa
y uno no vive a gusto si no hay Google.

Al final menos libres,
al final enfermos,
al final cada quien se sabe solo—
solemos leer poemas en pantallas.

No:
la Coordinación de nuestro gran Colegio
no me permite prados en el curso,
y mucho menos ríos,
si es que nos queda alguno sin secarse.
Si toda la materia tiene algo de todo
hasta en su parte más indivisible, [8]
entonces en cada uno de nosotros
hay algo de lo que hizo a aquellos hombres.
Pero al final no importa:
nuestra materia es presa de otro tiempo.

Y entonces me resigno a ver los grajos
pasar por las ventanas, y les digo:
"Leamos la Introducción de la Paideia". [9]


—Marzo-Abril 2016


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[1] Parménides.
[2] Fedro.
[3] Platón, también el alumno de versos anteriores.
[4] Jenofonte.
[5] Alcibíades.
[6] El único fragmento sobreviviente de Leucipo reza: "Ninguna cosa sucede sin razón, sino que todas las cosas suceden por una razón y por necesidad". ¿Pensaría eso de la destrucción de su propia obra? De forma similar, el único fragmento de Anaximandro sugiere que todas las cosas son destruidas por el mismo impulso cósmico que las hace nacer.
[7] La teoría atomista fue iniciada por Leucipo, según reportes, pero extendida y popularizada por Demócrito.
[8] La teoría de la mezcla universal propuesta por Anaxágoras
[9] Libro de Werner Jaeger, obra de importancia seminal en los estudios clásicos.

18.1.16

Appreciation

So, I almost died today, or something.

Around noon, a little bit later, I thought I’d fix myself some lunch,
so I heated up some sauce and fried an egg and ate the thing and turned everything off,
or so I thought.
Then I got out of there and went about my business,
watched the football game, checked messages,
and all this while a burner of the stove was leaking gas ever so slightly.
I never noticed —I cannot smell—
well, not unless you’re holding the thing an inch away from my face.
Gas leaked for about three hours and then my aunt got home.
Some days ago, a shop not far away blew up for the same reason,
after turning on the lights, or at least that’s what my grandma thinks.
Anyway, my aunt comes in, smells the gas immediately
and turns it off without flicking on the lights.

Now here’s the thing —
she could’ve lit said lights before opening the door —
there’s a switch right outside—
and if she had, and my grandma’s right about the physics, we both would’ve blown up.

A fried egg, a faulty wrist move, no sense of smell, a switch outside.
There. Death.
It really makes you think.
How many people drop like flies each day because of crap like that?
Even people who would've mattered.
And you, you classic book,
you talk about hamartia and sense of tragedy.
Poor you, fake thing.

You seem to think that life cares about beauty.

14.9.15

no somos el futuro

vamos saliendo del vientre
y no somos el futuro—
veintidós o veintitrés
y ya reumas o glaucoma—

nos dijeron que el salón
era el horno del orfebre—
que saldríamos transformados
en fantásticas criaturas—

la consecución perfecta
de lo que el brillante mundo
vio en nosotros
en el vientre—

vamos caminando apenas
y no somos el futuro—
nos hicieron perder tiempo—
nos timaron—
soy el mismo—
no estoy seguro de nada
y me duelen las rodillas—

bueno—
miento un poco tanto—
sí nos han cambiado algo—
ya no confío en el futuro
y menos en quien lo venda—

unos simples sinvergüenzas—

de pronto vienen y te arrancan de la nada ensangrentado y te dicen tú—
tú sí nos sacas del fango—
tú puedes ser lo que quieras con tu potencial ingente—
no se han escrito aun los mitos que nos describan tu brillo—
tan sólo sigue el camino que hemos trazado en la tierra—
lo hemos hecho claro y recto pensando en que no te pierdas—
y verás que el oro aguarda en tu precioso futuro.

y les crees y vas gateando—
pero del camino sales—
desgarrado—
desvalido—
sediento y viejo y con la boca seca—
y sin brillo—
y al final no aguarda nada

aguardan las mismas caras que te embaucaron ab ovo—
y esta vez no te sonríen—
solamente te levantan—
estás hecho un esqueleto—
y al oído te susurran—
¿y ya tienes un trabajo?

lo dicen como quien se burla—
lo dicen con aliento agrio—
lo dicen como quien pregunta si un buen día ya harás la gracia de morirte y abrir paso—
abrir paso a los embriones—
esos sí que son brillantes—
esos sí son el futuro


11.10.14

414 (Un texto del cual no sé qué pensaría Roland Barthes)


Siempre me veo en el espejo antes de escribir algo, sobre todo algo, ehm, ‘creativo’, porque quiero asegurarme de que lo que sale de mis manos al teclado es de algún modo congruente con mis ojos, mi pelo, mis hombros, y el ángulo laxo de mi columna.

Lo estúpido es que nunca sé si lo es o no. No creo saberlo nunca. Los que me leen no me conocen en persona, y los que me conocen saben, quizá, demasiado de mí como para confiar del todo en mis letras. La opacidad banal de mi superficie impide que la vista llegue al fondo. Es difícil entregarse al hechizo impersonal de la palabra cuando se sabe que ésta viene del tipo ese, el de saquito negro, que come quesadillas y se queja de la televisión. Nadie puede mantener un halo de poesía alrededor de sí todo el tiempo. Y menos ante sus amigos. Y menos en la era de la hipercultura pop. Y menos en México (la verdad).

Si un amigo me diera a leer un libro suyo lo único que podría ver en él serían sus huellas digitales, su sudor, aquella vez que me contó sobre un capítulo que se le estaba dificultando mientras tomábamos una cerveza; recordaré el platillo que ordenó mientras leo el capítulo y trataré de encontrar pistas de que hizo caso a mis intervenciones en aquella conversación (las cuales siempre consideraré iluminadoras). Reiré al ver una palabra que mi amigo usa todo el tiempo para hablar de su novia o su celular en el texto, insertada en un pasaje sobre la intertextualidad o James Joyce, y no podré darle un modicum de seriedad al asunto. Al final le diré que "es un libro interesante" y me tomaré una foto con él cuando presente el ejemplar en una librería del FCE, lo cual, a su vez, creará más anécdotas estorbosas que me impedirán leer con claridad su segundo libro. Ad infinitum.

O sea que… ¿qué? Ah, sí. Dos cosas.
1)      No creo que el autor pueda estar muerto del todo, o al menos el célebre ensayo que así lo proclama debería llevar un corolario: “No aplica en caso de que el autor empírico haya ido a la boda de usted, lector, en donde procedió a ponerse muy mal con tres botellas de vino”
2)      Si los conozco y escriben algo, quizá no sea buena idea mostrármelo.

10.8.14

371 (Nuevo look)

Es verde porque quizá no es tan sano vivir revestido de negro todo el tiempo, y porque espero que vuelva a florecer un día.

(ha)

Aprovecho para contarles que estoy bien, aunque no he reverdecido. Es un poco más difícil cambiar las plantillas y las pieles de un cuerpo humano y sus pasajes internos que de un blog. Creo yo porque tenemos, los humanos, un sistema operativo muy pinche. Pero me compre unos lentes nuevos, así que al menos se ha modificado mi interfaz un poco, y todos sabemos que eso es, al final, lo que le importa al usuario. La verdad es que también escribo esto porque quiero ver cómo se ve algo de prosa en este nuevo diseño, siendo que todas las entradas que estaban en la página de inicio son en verso. Es curioso cuánto verso hay aquí cuando lo único que quiero hacer con mi vida es escribir prosa. Pero es canijamente difícil, se los juro. Aparte de escribir bien, que ya está rudo, tienes que hacer que sea interesante. Y si eres yo, también debes convencer a tu cerebro de que sí, la idea que tuviste es suficientemente buena y no un desastre lleno de huecos en la trama que el lector INMEDIATAMENTE notará, tildándote de imbécil por el resto de los tiempos. Es ese último paso en el que siempre fallo. Como propósito de Año a Medio Morir, me retaré a aprender que no debo cerrar todos los círculos que abro en una historia para considerarla completa. Eso sirve bien en los ensayos, pero es una loza muy pesada cuando se busca inventar algo. Aparte creo que, al final, también se trata de que ustedes, los que lean esas hipotéticas historias, pongan de su parte, tengan una línea en blanco en dónde meter sus interpretaciones. No todo tiene que ser como el autor dice; o mejor dicho, el autor no tiene que decirlo todo para que sea así. Espero.

Mañana empiezo otro semestre, por cierto. Espero que alguno de los temas de tesis que he pensado sirva de algo, porque quiero escribir una buena parte estos meses, antes de hacer esa mamada absurda del servicio social. ¿Y lo social cuando me sirve a mí, eh? Pero así es la vida del donnadie en cualquier siglo, supongo; la mano negra del colectivo te saca y te saca cosas del bolso. Te quita tiempo, dinero, espíritu. Pero eso sí, "Hey, al menos ya no te quemamos por hereje, ¡deberías estar agradecido!" Vayan al diablo. Espero terminar todo esto cuanto antes.