29.12.11

348 (Juegos de Iluminación)


A ratos creo que soy feliz, o que algo me hace feliz. Otras veces la lente se opaca, y todo me parece terrible y aciago —ridícula premonición del destino final del mundo. Sin embargo son días como éste, apacibles en su ambivalencia, los que más parecen llenarme. Puedo sentarme al escritorio, con la bebida necesaria y los pies descalzos, y describir lo que se cuela por mi ventana de un modo más objetivo, racional.

Si bien la emoción es una parte indispensable de cualquier ámbito humano, escribir bajo el halo de una emoción fuerte es un poco como caminar con fiebre. Implica gran probabilidad de mareo y de olvidar a donde se quería llegar en un primer lugar. El solaz emocional en que me encuentro resulta comparable a un día libre de nubes, pero con un sol apático, que no quema. No hay grises ni tormentas; sólo confianza en las palabras que salen de mis yemas hacia la pantalla. Confianza porque momentos como éste son propicios para expresar no solo lo que uno siente, sino lo que en verdad quiere decir.

Así que aquí va.

Debemos ser navegantes tranquilos, no intimidarnos con las olas. Todos tenemos más o menos debilidades de diferentes tamaños y talantes, y no es el camino correcto tratar de erradicarlas todas. Quizá cambiar las más nocivas, si afectan demasiados terceros o si nos llevan al borde del abismo. Las demás, las debilidades inofensivas equiparables a pequeñas hendiduras en un diamante, son parte de nosotros. Si no las tuviéramos, hay que dar por seguro que tendríamos otras; y con ellas un carrusel de circunstancias diferentes: nuevas personas, locaciones, objetivos, arrepentimientos. Mas no debemos asumir que ésta novedad haría el pasaje más placentero. Sólo lo haría distinto. La perfección no está al alcance de los humanos como entidades éticas o físicas. La única perfección a la cual podemos aspirar es la perfecta paz, en unión con nuestros defectos. La aceptación de nuestras fallas como parte indispensable del aprendizaje, y de nuestro molde.

24.12.11

Nochebuena


Los veo creciendo, a todos.
Convirtiéndose en mascaradas fatuas
de los seres puros
que una vez fueron.

Los veo extinguiendo, con este año,
algunos de los últimos destellos
de juventud libre
que guardaban sus pechos.

Los veo volando al sur
con la parvada, cantando la misma melodía a coro.
Sin mirar abajo
a quienes olvidan.

Los veo absortos en felicidades falsas,
en abrigos de pieles,
alejados del susurro
de lo que es naturaleza.

Los veo acodados al fuego, sonriendo.
Jingle bells, jingle bells.
Y cada vez parecen más
ellos que ustedes.

Mi deseo, bajo luces de bengala,
es simple. Que mi visión no sea claridad.
Que la vida me conceda estar ciego.
Sólo la voz idiota del temor a un mundo
que se mueve.

Dios mío, espero estar ciego.
Sólo la soledad que habla de más;
la palabra nublada del vencido.
Espero que todo sea fantasía,
y mañana sean ustedes mismos.

Luces rojas, luces verdes,
cantando al unísono armonías que hablan
de hermandad y de otras cosas,
que no son nada más
que un sueño.

Otro deseo, ante cohetes esplendidos
que entran por la ventana.
Sean corazones guarecidos de la lluvia.
Vean la esencia del cariño
y aspiren hondo.

Los veo, con todas sus mentiras ciertas
que hacen de mí el mentiroso.
Dios mío, déjame que esté ciego,
para cantar de nuevo
merry christmas.


24/12/11


23.12.11

A Solas con Todo el Mundo

por Charles Bukowski
Texto Original: Alone with Everybody


la carne cubre al hueso
y ponen una mente
ahí y
a veces un alma,
y las mujeres rompen
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
demasiado
y nadie encuentra al
indicado
pero siguen
buscando
arrastrándose dentro y fuera
de camas.
la carne cubre
al hueso y la
carne busca
algo más que
carne.

no hay chance
en absoluto:
estamos atrapados
por un singular
destino.

nadie jamás encuentra
al indicado.

los basureros se llenan
los tiraderos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
los cementerios se llenan

nada más
se llena.





21.12.11

El Lago

por Edgar Allan Poe
Texto Original: The Lake

En la primavera joven fue mi suerte 
rondar del ancho mundo un sitio, 
el cual no amar me fue imposible— 
tan hermosa era la soledad 
de un lago salvaje, en roca negra envuelto, 
y los altos pinos que se erguían rodeando. 

Mas cuando la noche hubo echado su mortaja 
sobre ese sitio, como sobre todos, 
y el viento místico sobrevolaba 
murmurando en melodía— 
ahí, ¡ah!, ahí me despertaba 
al terror del solitario lago. 

Pero ese terror espanto no era, 
sino un trémulo deleite— 
un sentimiento que ninguna joya 
podrá enseñar o convencerme a definir— 
ni siquiera el amor, aunque amor tuyo fuese. 

La muerte estaba en esa onda venenosa, 
y en su golfo había una tumba cómoda 
para aquél que allí pudiese hallar resguardo 
de su negro imaginario— 
cuya alma solitaria podía crear 
un Edén de aquél oscuro lago.