29.9.12

Un piloto irlandés prevé su muerte

por W.B. Yeats
Texto original: An Irish Airman Foresees his Death


Sé que el destino he de encontrar
allá en las nubes sobre mí;
a quien combato no he de odiar,
ni amar a quienes protegí.
Mi tierra es de Kiltartan cruz,
y de ella, mis paisanos pobres;
ni un fin probable será atroz,
ni los hará a ellos más alegres.
Ley ni deber me hacen pelear,
políticos ni multitud;
es sólo un solitario afán
hacia el tumulto celestial.
Lo ponderé todo en mi ser;
futuro había desperdiciado
y lo mismo con mi pasado:
vivir así equilibro al perecer.

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Este fue el primer poema que vi en mi carrera, lo cuál --en retrospectiva-- me hace pensar que mi maestra no era muy metódica, puesto que Yeats no estaba en ningún lugar del temario en el primer semestre. Es un poema muy importante para mí, ya que fue una de las primeras veces que sentí verdadera conexión con unos versos (entré a la universidad pensando que la poesía era cursi, melosa). Decidí traducirlo hasta ahora por dos razones: el patrón de rima me daba miedo, e Irlanda ha tomado una cierta importancia en mi imaginario, de la mano de Angie, quien ama a varios autores de la isla esmeralda --incluido Yeats. Sólo agregaré un par de cosas. La cruz de Kiltartan se refiere a un grupo de católicos quienes peleaban en la fuerza aérea británica durante la 2da Guerra Mundial; Kiltartan también es una región de la isla. Y por último, me disculpo por la sintaxis tan rara en algunas lineas: decidí darle prioridad al ritmo marcial del poema que a la total claridad de las palabras, ya que sin ese tono solemne, guerrero, encuentro al texto severamente disminuido.

23.9.12

188 (Divergencias)



Recuerdo que un día, ser escritor pareció un camino predestinado, y por ello simple. Además, yo era el único raro en kilómetros a la redonda que tenía tal idea disparatada. Recuerdo que los demás hablaban de chicas y jugaban ping-pong mientras yo me apartaba y sacaba libros de la biblioteca. No era una buena biblioteca (diez libreros con manuales de odontología y uno de literatura), pero toda conglomeración de libros ofrece algo; un pensamiento, una compañía, una voz. La gente que me rodeaba no sabía qué hacer tras la preparatoria, debatiéndose cual pájaros en alambrado entre comunicación, derecho o alguna especie de ingeniería. Yo leí Las muertas, La metamorfosis, Crimen y castigo, Rojo y negro… y nunca dudé de lo que buscaba en mi vida.

Recuerdo también esas clases de inglés en que ayudaba al profesor —un tipo afable de menos de 30 años, moreno y fornido, llamado Iván— a corregir errores en clase. En más de una ocasión me preguntó las palabras que no recordaba. Después tuve otra profesora, con la que no trabé migas algunas: se llamaba Abigail, y creo que se sentía un poco incomoda conmigo. Me sentaba en la última banca del salón y leía algo; de la biblioteca o de mis libros propios. Cuando ella proponía algún ejercicio en equipo (normalmente los hacía a modo de competencia), sólo me iba con los que estaban cerca. No eran mi tipo de gente ni yo la de ellos, pero me aceptaban sin reclamos porque sabían que conmigo allí tenían la victoria (y una paleta o un punto en el examen) casi asegurados. Eso era injusto, pero por mí estaba bien. Me hacía sentir grande y destacado. Me hacía sentir en primer lugar, después de pasar toda mi existencia anterior —por no mencionar la mayoría de clases allí mismo, en preparatoria— como un tipo solamente listo opacado por geniecillos. Nunca sentí que fuera inferior a ellos, pero tampoco que valiera la pena intentar darles alcance, y por tanto me resultaba ideal ese ambiente, en que podía ser el primero sin hacer nada que estirara mis límites en absoluto. Yo leía y sabía inglés avanzado; los demás podían saber cuánta matemática quisieran sin amenazar mi mundo. Me había creado un nicho en donde estaba casi solo. Un pequeño altar para mí mismo. Un paraíso intelectual en soledad. No sabía cuan estéril y vana era esa comodidad.

18.9.12

Poema Cero (Lista preliminar de razones para mi infortunio)


Porque no procuro la risa fácil.
Porque no saludo cuando entro
a un cuarto.
Porque no desenvaino mis dagas
tan rápido.
Porque a perpetuidad y sin notarlo,
escribo con frases dentro de frases.
Porque me parezco a mi piel gris:
acostumbrada a la sombra de otros.
Porque no siento el silencio como
enemigo.
Porque no tengo dos ejes y dos
contraargumentos,
ni sigo el modelo de ensayo perfecto.
Porque no sé resumirme en 140
caracteres.
Porque anestesio las palabras
hasta que quedan yertas, sin brío
ni vida:
sí, sólo mírenlas, aquí en mis campos
que son poemas, desperdigadas,
sucias y muertas.
Porque me lastima la luz de las ventanas
y porque necesito cerrar la persiana.
Porque quizá nunca seré nada,
y he decidido hacer preparaciones
adelantadas.
Porque algunos de mis amigos
ni siquiera saben que lo son,
y no me hablan.
Porque eso es lo que quiero, tal vez,
pues en la soledad no hay tanta rabia
como en las multitudes,
y yo que no soporto los conflictos…
Porque no soy dragón
ni un unicornio;
sólo un tipo que escribe y vende espejos.
Porque no quiero reinventar al mundo,
sino deliberar mi alma de viejo.
Porque yo sé esperar que venga la marea,
y por eso no puedo controlar el fuego.
Porque prefiero entender algo a hacerlo,
y en entenderme se me va la vida,
y en el no hacerme sólo me deshago.
Porque no estoy siquiera triste al decir esto;
es sólo la verdad que estaba
ahogada.
Porque preparo con amor esencias
aunque nadie ha venido aquí a probarlas.
Porque no sé qué hago, y es por eso
que tanto me fascinan esos barcos
esos que van sin nada por delante,
esos que turbios cargan con su sombra.

9.9.12

Milímetros: octava entrega


Fallas

—Compré unos plumones, pero no sirven.
—¿Por?
—No sé dibujar.

Guerra Fría

¿Qué esperábamos de Kennedy o Khruschev cuando miles de años antes el estrecho de Bering ya lo había comenzado todo?

Eslovaquia

—¡Nadie jamás escribe cuentos sobre nosotros! ¡Fatalidad, Stravinsky!
—Y una muy grande, señor.
Dicho esto, siguieron revolviendo el café silenciosamente, bajo la mañana ruinosa y gris de Bratislava.

Peces abisales

Las leyendas contaban que allá arriba había peces espeluznantes, de piel opaca, sin colmillos gigantescos ni luces colgadas de la frente, que no solían enterrarse en la arena sino que andaban libres por el agua, indomables, imposibles.  Ellos, oscuros y aterrados, preferían quedarse abajo.

Persianas VIII

Siguió con su vida en aparente calma. Las arañas se reproducían, planeando ciudades en su carne y canales en su sangre.

Nostalgia

Pasaba sus días recordando los buenos tiempos. Las personas con quienes se recordaba eran felices en otro lado, pero a él no le importaba. Tenía sólo 21 años cuando comenzó a crecerle barba blanca.

Cometa

—¿Otra vez de viaje? Ya nunca estás conmigo…
Pero Halley ya no podía oír a la tierra, se había perdido en la estela eterna del cosmos.

Entrada

Esperaba que alguien entrara desde hacía veinte años. No había construido la puerta.

Naturaleza de los microcuentos

—¿Por qué los escribes todos de noche?
—Les gusta llegar sin ser vistos.

Arqueología

Arqueólogos de la Universidad Pan-galáctica revelaron hoy piezas que dejan entrever el culto de la gente primitiva de América a una deidad de formas minimalistas llamada iPod o iPad (cambia según la tribu). Se cree que evolucionó en el siglo XXI desde el culto antiquísimo al Sony Walkman, surgido en tierras de oriente. Reuters. 27-09-2766

Primitivo

Mataron al bisonte sólo para descubrir que no tenían tanta hambre. Nació la caza deportiva.

División entre cero

Detestaban al profesor de lógica, así que pusieron yogurt en su botella de agua. Su cabeza explotó y todos fueron poetas en paz.

Lingüistico IV

—Déjame [espera (te necesito)].

Genio

Ni Einstein, ni Hawking, ni Galileo podían comparársele. Desgraciadamente, nació en Nigeria y nunca llegó a tocar un libro.

Milímetros VIII

En aquél sitio le sorprendió el otoño. La vida cambió de color en un parpadeó, y algunas hojas le susurraron despedidas. Quizá el mundo se regenere, decía, pero eso no significa que sea el mismo.

2.9.12

370 (El silencio)


No me gusta tener este espacio tan silencioso, así que sirva esto como un pequeño grito de mi existencia. Ya soy una persona con muchos silencios adentro como para andar callando las cosas externas también. Estoy bien. En definitiva ese motor que me hacía escribir páginas amargas sobre mi vida se ha ido. Ahora tengo otras responsabilidades, unas mejor pagadas aunque no menos acuciantes. También me tengo a mí mismo, con un poco más de confianza que nunca, y eso siempre es bueno.

Hoy recomendaron el blog Inventario en la radio, y los comentarios me ponen orgulloso. También releí lo que llevo de mi novela y la encontré bastante divertida. Es curioso, porque a menudo esculco los cajones de este espacio sin encontrar muchas motas de humor. En Inventario las hay más a menudo, pero creo que es en esa obra incompleta en donde más se nota que puedo tener un lado que no se toma tan en serio la melancolía, o que por lo menos la entreteje con observaciones más ligeras. Lo terrible es que no sé si algún día la termine. Casi no tengo tiempo para ella y siendo tan joven corro el riesgo de despertar un día —habiendo leído y escrito más— y encontrarla ya no tan buena. Espero que no. Espero que no se pierda en la Irrelevancia que lleva en el título.

Creé un blog nuevo, aunque no creo que vaya a ser muy activo. Se llama Audiorama, y trata de hablar de música de un modo distinto, un poco más analítico e indagatorio que los simples “se parece a x” o “x álbum era mejor” que tantas veces están en las revistas. Es curioso cómo ahora que mi ser se ha estabilizado un poco por dentro puedo concentrarme en las cosas que voy a hacer o dejar de hacer. El mundo se vuelve un poco más terrenal, menos ensimismado y menos oscuro. Tengo deberes de muchos tipos, y no puedo permitirme abscesos de tristeza muy frecuentes o muy largos.

Este mes habrá una o dos entregas de microcuentos, quizá algún poema o traducción, y otro texto personal que será la secuela al primero que publiqué: Rosario. El barrio ha cambiado muchísimo desde que escribí esa pieza, y sin embargo en esencia sigue igual; en construcción, varado. Ya les describiré todo cuando llegue el momento. Es bueno escribir sin ataduras estilísticas o académicas por un rato. Sin obligación de nada. No sólo es relajante, sino que te ayuda a comprobar si tu alma todavía está allí. Creo que la mía sigue intacta, pero sus sentimientos más arduos están en relativo reposo, y por tanto mi producción artística quizá no sea tan rápida. No tengo problema con esto, ser un genio torturado es demasiado cliché. Hay personas mucho más talentosas que yo, y también las hay con vidas más duras. Esa es una batalla que no puedo ganar. Pero en el reposo también se puede hacer algo productivo: trabajar, perfeccionar un estilo, llevar la vida a buen puerto. Podría tirarme a la depresión por cualquier estupidez como lo hacen muchos o como lo hice yo antes, pero la verdad ya no es quien debo ser. No es maduro, ni sano.

Prefiero vivir bien, leer mucho y amar todo lo que merezca ser amado. No soy una persona alegre, mi sociabilidad todavía tiene fallas importantes. Pero tengo música cuando quiero, y silencio también, y sabores gratos, y aromas que me traen a alguien. Eso es suficiente para que un tipo desganado se levante cada día a vivir un rato. Es suficiente para mí.