Fallas
—Compré
unos plumones, pero no sirven.
—¿Por?
—No
sé dibujar.
Guerra Fría
¿Qué
esperábamos de Kennedy o Khruschev cuando miles de años antes el estrecho de
Bering ya lo había comenzado todo?
Eslovaquia
—¡Nadie
jamás escribe cuentos sobre nosotros! ¡Fatalidad, Stravinsky!
—Y
una muy grande, señor.
Dicho
esto, siguieron revolviendo el café silenciosamente, bajo la mañana ruinosa y
gris de Bratislava.
Peces abisales
Las
leyendas contaban que allá arriba había peces espeluznantes, de piel opaca, sin
colmillos gigantescos ni luces colgadas de la frente, que no solían enterrarse
en la arena sino que andaban libres por el agua, indomables, imposibles. Ellos, oscuros y aterrados, preferían quedarse abajo.
Persianas VIII
Siguió
con su vida en aparente calma. Las arañas se reproducían, planeando ciudades en
su carne y canales en su sangre.
Nostalgia
Pasaba
sus días recordando los buenos tiempos. Las personas con quienes se recordaba
eran felices en otro lado, pero a él no le importaba. Tenía sólo 21 años cuando
comenzó a crecerle barba blanca.
Cometa
—¿Otra
vez de viaje? Ya nunca estás conmigo…
Pero
Halley ya no podía oír a la tierra, se había perdido en la estela eterna del
cosmos.
Entrada
Esperaba
que alguien entrara desde hacía veinte años. No había construido la puerta.
Naturaleza de los
microcuentos
—¿Por
qué los escribes todos de noche?
—Les
gusta llegar sin ser vistos.
Arqueología
Arqueólogos de la Universidad Pan-galáctica revelaron hoy piezas que dejan entrever el culto de la gente primitiva de
América a una deidad de formas minimalistas llamada iPod o iPad (cambia según
la tribu). Se cree que evolucionó en el siglo XXI desde el culto antiquísimo al
Sony Walkman, surgido en tierras de oriente. Reuters. 27-09-2766
Primitivo
Mataron
al bisonte sólo para descubrir que no tenían tanta hambre. Nació la caza
deportiva.
División entre cero
Detestaban
al profesor de lógica, así que pusieron yogurt en su botella de agua. Su cabeza
explotó y todos fueron poetas en paz.
Lingüistico IV
—Déjame
[espera (te necesito)].
Genio
Ni
Einstein, ni Hawking, ni Galileo podían comparársele. Desgraciadamente, nació
en Nigeria y nunca llegó a tocar un libro.
Milímetros VIII
En
aquél sitio le sorprendió el otoño. La vida cambió de color en un parpadeó, y
algunas hojas le susurraron despedidas. Quizá el mundo se regenere, decía, pero
eso no significa que sea el mismo.
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