No me gusta
tener este espacio tan silencioso, así que sirva esto como un pequeño grito de
mi existencia. Ya soy una persona con muchos silencios adentro como para andar
callando las cosas externas también. Estoy bien. En definitiva ese motor que me
hacía escribir páginas amargas sobre mi vida se ha ido. Ahora tengo otras
responsabilidades, unas mejor pagadas aunque no menos acuciantes. También me
tengo a mí mismo, con un poco más de confianza que nunca, y eso siempre es
bueno.
Hoy
recomendaron el blog Inventario en la radio, y los comentarios me ponen
orgulloso. También releí lo que llevo de mi novela y la encontré bastante
divertida. Es curioso, porque a menudo esculco los cajones de este espacio sin
encontrar muchas motas de humor. En Inventario las hay más a menudo, pero creo
que es en esa obra incompleta en donde más se nota que puedo tener un lado que
no se toma tan en serio la melancolía, o que por lo menos la entreteje con
observaciones más ligeras. Lo terrible es que no sé si algún día la termine.
Casi no tengo tiempo para ella y siendo tan joven corro el riesgo de despertar
un día —habiendo leído y escrito más— y encontrarla ya no tan buena. Espero que
no. Espero que no se pierda en la Irrelevancia que lleva en el título.
Creé un
blog nuevo, aunque no creo que vaya a ser muy activo. Se llama Audiorama, y
trata de hablar de música de un modo distinto, un poco más analítico e
indagatorio que los simples “se parece a x” o “x álbum era mejor” que tantas
veces están en las revistas. Es curioso cómo ahora que mi ser se ha
estabilizado un poco por dentro puedo concentrarme en las cosas que voy a hacer
o dejar de hacer. El mundo se vuelve un poco más terrenal, menos ensimismado y
menos oscuro. Tengo deberes de muchos tipos, y no puedo permitirme abscesos de tristeza
muy frecuentes o muy largos.
Este mes
habrá una o dos entregas de microcuentos, quizá algún poema o traducción, y
otro texto personal que será la secuela al primero que publiqué: Rosario. El
barrio ha cambiado muchísimo desde que escribí esa pieza, y sin embargo en
esencia sigue igual; en construcción, varado. Ya les describiré todo cuando
llegue el momento. Es bueno escribir sin ataduras estilísticas o académicas por
un rato. Sin obligación de nada. No sólo es relajante, sino que te ayuda a
comprobar si tu alma todavía está allí. Creo que la mía sigue intacta, pero sus
sentimientos más arduos están en relativo reposo, y por tanto mi producción artística
quizá no sea tan rápida. No tengo problema con esto, ser un genio torturado es
demasiado cliché. Hay personas mucho más talentosas que yo, y también las hay
con vidas más duras. Esa es una batalla que no puedo ganar. Pero en el reposo
también se puede hacer algo productivo: trabajar, perfeccionar un estilo,
llevar la vida a buen puerto. Podría tirarme a la depresión por cualquier
estupidez como lo hacen muchos o como lo hice yo antes, pero la verdad ya no es
quien debo ser. No es maduro, ni sano.
Prefiero
vivir bien, leer mucho y amar todo lo que merezca ser amado. No soy una persona
alegre, mi sociabilidad todavía tiene fallas importantes. Pero tengo música
cuando quiero, y silencio también, y sabores gratos, y aromas que me traen a
alguien. Eso es suficiente para que un tipo desganado se levante cada día a
vivir un rato. Es suficiente para mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario