18.9.12

Poema Cero (Lista preliminar de razones para mi infortunio)


Porque no procuro la risa fácil.
Porque no saludo cuando entro
a un cuarto.
Porque no desenvaino mis dagas
tan rápido.
Porque a perpetuidad y sin notarlo,
escribo con frases dentro de frases.
Porque me parezco a mi piel gris:
acostumbrada a la sombra de otros.
Porque no siento el silencio como
enemigo.
Porque no tengo dos ejes y dos
contraargumentos,
ni sigo el modelo de ensayo perfecto.
Porque no sé resumirme en 140
caracteres.
Porque anestesio las palabras
hasta que quedan yertas, sin brío
ni vida:
sí, sólo mírenlas, aquí en mis campos
que son poemas, desperdigadas,
sucias y muertas.
Porque me lastima la luz de las ventanas
y porque necesito cerrar la persiana.
Porque quizá nunca seré nada,
y he decidido hacer preparaciones
adelantadas.
Porque algunos de mis amigos
ni siquiera saben que lo son,
y no me hablan.
Porque eso es lo que quiero, tal vez,
pues en la soledad no hay tanta rabia
como en las multitudes,
y yo que no soporto los conflictos…
Porque no soy dragón
ni un unicornio;
sólo un tipo que escribe y vende espejos.
Porque no quiero reinventar al mundo,
sino deliberar mi alma de viejo.
Porque yo sé esperar que venga la marea,
y por eso no puedo controlar el fuego.
Porque prefiero entender algo a hacerlo,
y en entenderme se me va la vida,
y en el no hacerme sólo me deshago.
Porque no estoy siquiera triste al decir esto;
es sólo la verdad que estaba
ahogada.
Porque preparo con amor esencias
aunque nadie ha venido aquí a probarlas.
Porque no sé qué hago, y es por eso
que tanto me fascinan esos barcos—
esos que van sin nada por delante,
esos que turbios cargan con su sombra.

9.9.12

Milímetros: octava entrega


Fallas

—Compré unos plumones, pero no sirven.
—¿Por?
—No sé dibujar.

Guerra Fría

¿Qué esperábamos de Kennedy o Khruschev cuando miles de años antes el estrecho de Bering ya lo había comenzado todo?

Eslovaquia

—¡Nadie jamás escribe cuentos sobre nosotros! ¡Fatalidad, Stravinsky!
—Y una muy grande, señor.
Dicho esto, siguieron revolviendo el café silenciosamente, bajo la mañana ruinosa y gris de Bratislava.

Peces abisales

Las leyendas contaban que allá arriba había peces espeluznantes, de piel opaca, sin colmillos gigantescos ni luces colgadas de la frente, que no solían enterrarse en la arena sino que andaban libres por el agua, indomables, imposibles.  Ellos, oscuros y aterrados, preferían quedarse abajo.

Persianas VIII

Siguió con su vida en aparente calma. Las arañas se reproducían, planeando ciudades en su carne y canales en su sangre.

Nostalgia

Pasaba sus días recordando los buenos tiempos. Las personas con quienes se recordaba eran felices en otro lado, pero a él no le importaba. Tenía sólo 21 años cuando comenzó a crecerle barba blanca.

Cometa

—¿Otra vez de viaje? Ya nunca estás conmigo…
Pero Halley ya no podía oír a la tierra, se había perdido en la estela eterna del cosmos.

Entrada

Esperaba que alguien entrara desde hacía veinte años. No había construido la puerta.

Naturaleza de los microcuentos

—¿Por qué los escribes todos de noche?
—Les gusta llegar sin ser vistos.

Arqueología

Arqueólogos de la Universidad Pan-galáctica revelaron hoy piezas que dejan entrever el culto de la gente primitiva de América a una deidad de formas minimalistas llamada iPod o iPad (cambia según la tribu). Se cree que evolucionó en el siglo XXI desde el culto antiquísimo al Sony Walkman, surgido en tierras de oriente. Reuters. 27-09-2766

Primitivo

Mataron al bisonte sólo para descubrir que no tenían tanta hambre. Nació la caza deportiva.

División entre cero

Detestaban al profesor de lógica, así que pusieron yogurt en su botella de agua. Su cabeza explotó y todos fueron poetas en paz.

Lingüistico IV

—Déjame [espera (te necesito)].

Genio

Ni Einstein, ni Hawking, ni Galileo podían comparársele. Desgraciadamente, nació en Nigeria y nunca llegó a tocar un libro.

Milímetros VIII

En aquél sitio le sorprendió el otoño. La vida cambió de color en un parpadeó, y algunas hojas le susurraron despedidas. Quizá el mundo se regenere, decía, pero eso no significa que sea el mismo.

2.9.12

370 (El silencio)


No me gusta tener este espacio tan silencioso, así que sirva esto como un pequeño grito de mi existencia. Ya soy una persona con muchos silencios adentro como para andar callando las cosas externas también. Estoy bien. En definitiva ese motor que me hacía escribir páginas amargas sobre mi vida se ha ido. Ahora tengo otras responsabilidades, unas mejor pagadas aunque no menos acuciantes. También me tengo a mí mismo, con un poco más de confianza que nunca, y eso siempre es bueno.

Hoy recomendaron el blog Inventario en la radio, y los comentarios me ponen orgulloso. También releí lo que llevo de mi novela y la encontré bastante divertida. Es curioso, porque a menudo esculco los cajones de este espacio sin encontrar muchas motas de humor. En Inventario las hay más a menudo, pero creo que es en esa obra incompleta en donde más se nota que puedo tener un lado que no se toma tan en serio la melancolía, o que por lo menos la entreteje con observaciones más ligeras. Lo terrible es que no sé si algún día la termine. Casi no tengo tiempo para ella y siendo tan joven corro el riesgo de despertar un día —habiendo leído y escrito más— y encontrarla ya no tan buena. Espero que no. Espero que no se pierda en la Irrelevancia que lleva en el título.

Creé un blog nuevo, aunque no creo que vaya a ser muy activo. Se llama Audiorama, y trata de hablar de música de un modo distinto, un poco más analítico e indagatorio que los simples “se parece a x” o “x álbum era mejor” que tantas veces están en las revistas. Es curioso cómo ahora que mi ser se ha estabilizado un poco por dentro puedo concentrarme en las cosas que voy a hacer o dejar de hacer. El mundo se vuelve un poco más terrenal, menos ensimismado y menos oscuro. Tengo deberes de muchos tipos, y no puedo permitirme abscesos de tristeza muy frecuentes o muy largos.

Este mes habrá una o dos entregas de microcuentos, quizá algún poema o traducción, y otro texto personal que será la secuela al primero que publiqué: Rosario. El barrio ha cambiado muchísimo desde que escribí esa pieza, y sin embargo en esencia sigue igual; en construcción, varado. Ya les describiré todo cuando llegue el momento. Es bueno escribir sin ataduras estilísticas o académicas por un rato. Sin obligación de nada. No sólo es relajante, sino que te ayuda a comprobar si tu alma todavía está allí. Creo que la mía sigue intacta, pero sus sentimientos más arduos están en relativo reposo, y por tanto mi producción artística quizá no sea tan rápida. No tengo problema con esto, ser un genio torturado es demasiado cliché. Hay personas mucho más talentosas que yo, y también las hay con vidas más duras. Esa es una batalla que no puedo ganar. Pero en el reposo también se puede hacer algo productivo: trabajar, perfeccionar un estilo, llevar la vida a buen puerto. Podría tirarme a la depresión por cualquier estupidez como lo hacen muchos o como lo hice yo antes, pero la verdad ya no es quien debo ser. No es maduro, ni sano.

Prefiero vivir bien, leer mucho y amar todo lo que merezca ser amado. No soy una persona alegre, mi sociabilidad todavía tiene fallas importantes. Pero tengo música cuando quiero, y silencio también, y sabores gratos, y aromas que me traen a alguien. Eso es suficiente para que un tipo desganado se levante cada día a vivir un rato. Es suficiente para mí.

12.8.12

Sin título


La gente en silencio,
el pueblo en silencio,
las nubes, la cal y el cemento
en silencio.
Las aves no cantan
ni azotan sus jaulas.
Paradas, sin alas, mirando
en silencio.
La vida no es grata
y la muerte no mata
veloz como dicen en los
funerales.
Se extiende en el tiempo,
te espera, te caza,
se esmera y oculta el cuchillo
de plata.
Dinero que viene,
pendientes que pasan,
las manos quedando de tinta
manchadas.
Banderas ondeantes,
de bravos colores,
con cruces y estrellas que no
dicen nada.
Son sólo quimeras
y símbolos vanos,
afuera en las calles y abajo
en los campos
no hay nadie alabando
nuestras libertades.
Hay bajos susurros, secretos
y pena.
El sol siempre brilla
tras velos de sombra,
y la ingrata cortina conjura
y engaña.
Vivimos de vidas
blandas y planeadas,
bebiendo de un pozo que
no tiene agua.
La cal y el cemento,
las nubes y el pueblo,
la gente, la luz y hasta el alma
en silencio.